FECUNDACIÓN
La fecundación es la acción por la cual dos gametos o
células sexuales masculina y femenina se unen para formar un
huevo o cigoto. En la naturaleza, el proceso suele realizarse de forma
cruzada, es decir, ambos gametos proceden de individuos diferentes (heterogametos),
aunque también se dan casos de hermafroditismo tanto en animales
como en plantas, por la cual los gametos masculino y femenino son producidos
por el mismo individuo, es decir, se produce una autofecundación.
En los animales, la fecundación puede ser interna, si se produce
en el interior de la hembra, o externa, si tiene lugar en el medio exterior,
como sucede en los animales acuáticos. En los humanos la fecundación
es siempre interna y cruzada.
FECUNDACIÓN CRUZADA
Como se ha dicho, la fecundación cruzada es la forma generalizada
de fecundación en plantas y animales, es decir, el óvulo
de un organismo es fecundado por el espermatozoide de otro. Se trata
de una clase muy importante de fecundación, ya que su existencia
permite una amplia variabilidad genética, como consecuencia de
la recombinación de los genes.
PROCESO DE FECUNDACIÓN
Durante la eyaculación,
el varón aporta unos pocos centímetros cúbicos
de semen que contienen varios cientos de millones de espermatozoides.
Cuando el esperma es depositado en el interior de la vagina de la mujer,
sólo una de esas células fecundará el óvulo.
El motivo de que se liberen tantos espermatozoides reside en la altísima
mortalidad de ellos a lo largo de su viaje a través de aparato
reproductor femenino.
FECUNDACIÓN DEL ÓVULO
El espermatozoide o espermatozoo, es una célula germinal masculina
dotada de movilidad, cuya misión es desplazarse dentro del aparato
reproductor femenino, con objeto de alcanzar el óvulo y fusionarse
con él para dar lugar al huevo o cigoto. Consta de una cabeza
y cola; la cola es un flagelo recubierto por la membrana citoplásmática
que le imprime movimiento mediante vibraciones; la cabeza contiene el
núcleo con los cromosomas,
y su cubierta (el acrosoma) tiene la forma de un caperuzón con
capacidad para perforar la membrana del óvulo, introducir en
él los cromosomas y fecundarlo.
Los espermatozoides se desplazan a través del cérvix uterino
y las trompas de Falopio por efecto de la enérgica vibración
de sus colas. Durante el coito, esta operación es favorecida
por las contracciones musculares que se derivan de la estimulación
sexual, siendo absorbidos más fácilmente
hacia el interior del útero. Los numerosos espermatozoides que
consiguen alcanzar la parte superior de la trompa de Falopio intentan
atravesar la llamada corona radiata, o células foliculares que
la rodean, mediante la liberación de la hialuronidasa, una enzima
que intenta romper esa barrera. La fecundación propiamente dicha
ocurre cuando uno sólo de esos espermatozoides consigue introducir
su cabeza a través de la membrana del óvulo. Una vez en
su interior, para evitar que ningún otro espermatozoide lo alcance,
la membrana se torna rápidamente en una barrera de fertilización,
muy gruesa, permitiendo que sólo el espermatozoide que ha roto
la barrera consiga finalmente alcanzar el núcleo del óvulo,
negando el acceso a los demás. Ya juntos los dos núcleos
se produce la formación del cigoto o célula huevo, el
cual adquiere los caracteres hereditarios procedentes del padre y de
la madre, comenzando seguidamente a dividirse activamente, y a desplazarse
por la trompa hasta su implantación definitiva en el útero.
El óvulo que abandona el ovario puede ser fecundado dentro de
un periodo que se estima entre las 8 y 48 horas. Por su parte, un espermatozoide
puede vivir en el interior del aparato reproductor femenino unos tres
días, pero alcanza y fecunda el óvulo a partir de las
24 horas aproximadamente. Esto significa que el periodo eficaz para
la fecundación es muy corto, y por tanto deben darse
condiciones favorables y el momento oportuno.
IMPLANTACIÓN DEL EMBRIÓN
Cuando se produce el óvulo fecundado, la trompa de Falopio lo
empuja hacia el útero, donde se implantará definitivamente.
Este proceso dura unos 7 días y en su movimiento se realiza una
división activa, de tal forma que cuando alcanza el útero
ya es un embrión de varios cientos de células.
Al tomar contacto con el endometrio o pared uterina, éste ya
se encuentra preparado para alimentar y anidar el embrión, mediante
la segregación de progesterona por parte del cuerpo lúteo
del ovario. Los alimentos son absorbidos por el embrión mediante
unas terminaciones que penetran en la pared uterina, y que más
tarde, alrededor de la tercera semana de gestación, terminarán
por constituir la placenta, órgano éste muy especial que
suministrará sangre procedente de la madre con oxígeno
y sustancias alimenticias.