3.3 LA ROMANIZACIÓN.

Cuando el Imperio romano ocupó toda la cuenca del Mediterráneo, fue necesario dividirlo en provincias para facilitar su gobernabilidad. En la Península Ibérica se crearon tres provincias: Tarraconense, Lusitania y Bética. Al frente de cada una de ellas había un gobernador que tenía su propio ejército y cierta autonomía con respecto al gobierno central de Roma.

La base de la economía era la agricultura, la ganadería, la minería y el comercio entre las distintas provincias y, sobre todo, con Roma. (Sigue...)      

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